La Bella Durmiente – Capítulo II

Por fin parece que va a dar comienzo el esperado casting de los hermanos Grimm. ¿Quién será la primera candidata (o candidato) para el papel de bruja malísima de la Bella Durmiente?

¡¡Esperamos que os guste!!

Los hermanos Grimm se miraron entre ellos, e intercambiaron algún comentario de aprobación.

— Bueno, — dijo Jacob a su hermano con cierto tono de satisfacción, sin apartar la vista de la candidata— creo que reúne varias de las condiciones que andábamos buscando: viste de negro, es elegante, sólo mira como se mueve y parece refinada.

—Si, además tiene una piel estupenda, — respondió extasiado Wilhelm — fíjate, no se le ve un poro, una textura homogénea como la piel de un bebé y, un tono luminoso y uniforme.

— A veces me preocupas mi querido Wilhelm — contestó desesperanzado Jacob, sujetándose la frente con una mano.

— Bien,— continuó dirigiéndose a la joven— ¿Nos podría decir que puede aportar al personaje de bruja de cuento?

— Es evidente, soy la más grande de las Brujas de mi tiempo, no hay otra que se iguale a mí. A parte de eso, tengo excepcionales poderes, se realizar pócimas y hechizos y como pueden ver, tengo un cutis espectacular.

— Si, si, esa es la palabra, espectacular — aseveró Wilhelm con evidente admiración.

Jacob, aún con la boca abierta por la reacción de su hermano, continuó con la entrevista.

— ¿Poderes?¿Y cuales son esos poderes?

— Poseo la habilidad, entre otras muchas de la Telequinesis y la Electroquinesis. — dijo la bruja con evidente superioridad.

— ¿Tele…que?¿Elec…que? ¿Que es eso? — preguntó un tanto perdido Jacob, mientras Wilhelm seguía mirando extasiado la fantástica piel rosada de la bruja. La bruja con desgana, y visible hartazgo de la ignorancia de los hombres mortales, comenzó a contestar.

— Telequinesis es el poder de mover cosas con la mente…

A lo que se oyó entre público: — Pues, ¿me puedes hacer llegar una jarra de cerveza? Y el estallido de risas entre el público fue generalizado.

La bruja continuó, ignorando las insignificantes voces del populacho.

— ..y la electroquinesis es el poder de controlar la electricidad.

—No, no entiendo estos poderes. — empezó comentando en bajo Jacob hacia su hermano — Total, que puede mover una jarra de cerveza,y la ¿que?¿electricidad?¿que es eso?.

— Pero que cutis, hermano, que cutis.

La bruja, con aún más evidentes señales de desánimo por la ignorancia de esta gente, contestó casi sin ganas.

— Y puedo volar. —dijo a regañadientes la bruja de piel de porcelana.

El constante murmullo entre el público asistente cesó de repente. Un silencio sepulcral se hizo en la sala.

Una cosa es que alguien pueda mover una carreta de caballo sin tocarla, o que eche rayos por la punta de los dedos. Vale. Pero otra cosa es que pueda volar.

En ese momento los miembros del GPU dieron un paso desafiante hacia delante, sujetando con fuerza sus rastrillos y antorchas. Apagadas, claro.

—Oh — dijo Jacob, mientas anotaba en una hoja — Puede volar con escoba, estupendo.

— No, no, yo no tengo escoba. — respondió un tanto azorada la bruja — Vuelo sin…

— Con es—co—ba — recalcó el mayor de los hermanos Grimm, haciendo caso omiso a la aclaración de la bruja.

Y por último, ¿nos puede decir su nombre? — preguntó Jacob mientras revolvía unos cuantos papeles. — Tenemos anotado que se llama… Nessarose o Evanora. ¿Cual de ellos es? No nos suena ninguno…

La bruja totalmente desganada, incluso parecía que el brillo de su piel estaba desapareciendo, respondió.

— Me conocen por los dos nombres, aunque también me conocen como la Bruja Mala del Este.

De nuevo se hizo el silencio absoluto. Una tos. Y esta vez, en lugar de dar un pasos hacia delante, todos los asistentes dieron dos grandes pasos hacia atrás. Los hermanos Grimm, incluido Wilhelm ,que despertó de sopetón del Hechizo del Cutis Perfecto, arrastraron sus sillas un par de metros hacia atrás, apartándose de Evanora, la Bruja Mala del Este. Las miradas de todos, instintivamente, se dirigieron hacia el techo.

Entre balbuceos, Wilhelm logró preguntar a la bruja.

— ¿La..la… misma…Bruja Mala del Este de…Oz?

Cabizbaja y desolada, la bruja solo llegó a soltar un escueto: — Si, esa.

— Bien — dijo presurosamente y con evidente nerviosismo Jacob,mientras recogía unos papeles caídos al suelo y miraba hacia el cielo con desconfianza — eso, es todo. Desafortunadamente el papel ya está cogido, señorita…señora…bruja…

— Pero…pero…si soy la primera candidata que… — contestó desconcertada Evanora.

— Ya bueno, verá — intentó explicar Jacob entre risitas nerviosas, mientras acompañaba a la bruja hacia un lateral del recinto — es que nuestra producción es bastante humilde, y debido a que en su currículum pone que es propensa a “accidentes laborales”, ya sabe,casas que caen del cielo y todo eso, no nos podemos permitir el lujo de pagar hospitales ni indemnizaciones. Así que, gracias y buenas noches. Puede salir por esta puerta que está más cerca.

Jacob señaló una pequeña puerta a la bruja por la que podía salir, mientras con la cabeza señalaba a algunos de los presentes en la sala, que la “ayudaran” a salir con la mayor rapidez posible de la sala.

Entre los murmullos del público, se podían oír frases como:

— ¡Por que no vuelas para salir más rápido!.

— Que desfachatez, venir aquí con esas zapatillas rojas.

— Con ésta aquí, ¡lo mismo nos podría haber caído la lámpara del techo encima!

—¡O una casa!

— Bien, vaaaale, silencio por favor, vamos a seguir con la siguiente candidata. — dijo Jacob, intentando normalizar la situación, sin perder de vista ni un instante lo que pudiera caer del techo. — Que pase la siguiente, por favor.

La puerta chirriante se abrió para dar paso a la nueva candidata, y de nuevo los parroquianos buscaron con sus miradas al impreciso señor Meyer, que se encontraba rellenando, otra vez, su jarra de tibia cerveza. Más bien, el mantenimiento de esa sufrida puerta, sería para pasado mañana.

La nueva candidata no tenía nada que ver con la anterior. De la habitación contigua salió una anciana de cara arrugada y nariz grande con una verruga incluida, de sonrisa desdentada. Vestía con un sayo completamente de negro y la cabeza cubierta por una capucha. Andaba encorvada e iba de un lado a otro del pasillo, ofreciendo unas maravillosas manzanas rojas, que llevaba en una cesta de mimbre.

CONTINUARÁ…