La Ratita Presumida y Frankenstein

Con este pequeño relato queremos inaugurar un nuevo apartado dentro de Cuentik. En él recogeremos historias que sujgirán entre personajes muy reconocidos a lo largo de innumerables cuentos.

¡¡Esperamos que os gusten!!.

Ensortijada con lacitos de raso y tul, todas las mañanas Ratita barría su madriguera vivaracha y presumida, cuando de súbito un reflejo vio rodar.

-¿Que recórcholis es eso? -exclamó con curiosidad

-Es mio Ratita linda …se oyó una atronadora voz detrás de un árbol.

-¿Qui…quién habla? -preguntó Ratita mirando a todos lados.

-Aquí…¡Soy Frankenstein, Ratita linda! -respondió de nuevo.

Ratita observó un descomunal ser medio escondido entre las malezas.

-¿No te doy miedo? -preguntó con voz de ultratumba.

-¡Soy un ratón!…¡Soy yo quién da miedo! -contestó decidida y pizpireta Ratita.

-Qué graciosa eres Ratita…-contestó Frankenstein con semblante serio.

-¿Estás enfermito? No haces buena cara amigo…-señaló Ratita observándole con curiosidad.

-¿Dónde vives, amigo Frankenstein? -quiso saber también Ratita.

-Arriba en las montañas…en un lugar tenebroso y oscuro, lleno de tristeza. -respondió Frankenstein apesadumbrado.

-¡Tengo una idea! ¡La idea más sensacional del dia!…¡Pondremos lacitos a todos tus tornillos y estarás más que rebonito …! -anunció Ratita encaramándose por su escoba hasta darle un beso en su nariz abollada.

Adentrándose en el bosque para acompañar a Frankenstein, Ratita contempló un caminito de flores que conducía hasta el tétrico castillo, en lo alto de la montaña.

-Las…las he puesto yo Ratita…me gustan las flores, así no me pierdo cuando me alejo de casa… -reconoció Frankenstein con voz triste.

-¡Súbeme al hombro y así llegaremos antes!…eres un ser sensible y tierno y sé que no me harás ningún daño. -dijo Ratita con una sonrisa.

Las flores condujeron hasta un castillo lleno de cables eléctricos, espadas y antorchas. Al entrar todo crujió a su paso.

Los dos permanecieron sin decir nada durante unos instantes. Ratita se apartó el polvo de sus lacitos de raso y tul sin entender cómo podía alguien vivir en tan tétrico y sucio lugar.

-Aquí es donde vivo Ratita linda…¿Y sabes qué? ¡Puedo tocar los rayos de una tormenta con sólo alargar mi mano por la ventana!…es lo más emocionante que le ocurre a mi aburrida vida…-se consoló Frankestein.

-¡Ohhh…Huele a gusano rebozado…y cuanta oscuridad hay aquí!…vamos a llenar este castillo de mis lazos de colores por todas partes…y traeremos también las flores del bosque amigo Frankenstein, ya verás.

Pasó el tiempo y de las flores nacieron más flores. La alegría brotó y se esfumó la tiniebla del lugar.

Frankenstein sonreía mirando el horizonte con su amiga Ratita posada en su hombro…los tornillos nunca habían sido tan divertidos y elegantes.

Juntos hacían un buen equipo….¡los amigos nunca sabes ni cuando ni donde aparecen!